Si del viaje que hicimos a Croacia me tengo que quedar con un sitio, éste, sin ninguna duda, es el Parque Nacional de Plitvička. Este espacio natural encierra entre sus límites un espectacular bosque salpicado de lagos y cascadas en el que poder desconectar de las grandes ciudades en las que estamos acostumbrados a habitar. Ciudades que lo mejor que tienen para ofrecernos son altos edificios, un tráfico incesante y ruidoso y gente corriendo de un lado para otro porque la forma de vida que llevan en ellas va mas rápido de lo que estas pueden ir.
Antes de llegar al parque en sí, ya nos habremos dado cuenta de que la región en la que se encuentra es pura naturaleza en la que plantas, animales y personas viven en cierta calma y por supuesto sin tener que competir por el espacio en el que habitan.
Me considero una persona de ciudad y como tal, estas me encantan (solo hay que echar un vistazo a este blog para darse cuenta de ello). Pero esto no quiere decir que no disfrute con la naturaleza y los maravillosos lugares que esta nos ofrece y he de decir que este parque puede que sea uno de los mas increíbles en los que he estado hasta la fecha.
El Parque Nacional de Plitvička se encuentra en la región croata de Lika (centro de Croacia) abarcando una superficie cercana a las 30.000 hectáreas que hacen que sea el más extenso de los 8 parques nacionales que encontramos en el país. La denominación de Nacional se la ganó en el año 1949 aunque este no seria el único reconocimiento que recibiría ya que en el año 1979 la UNESCO lo declara Patrimonio de la Humanidad por su extraordinaria belleza natural.
Para llegar hasta el, nosotros, que viajábamos en coche, nos informamos en la casa rural en la que estábamos alojados. Entre eso y la ayuda del GPS, no tuvimos ningún problema en encontrar la entrada a la zona que está abierta al público (no todo el parque se puede visitar libremente). Es complicado el indicaros como llegar ya que es una zona en la que las autovías brillan por su ausencia y además, creo que será más fácil que os informéis una vez lleguéis a Croacia.
Quizás una de las cosas que más choca cuando se llega allí es como el turismo ha modificado alguna de las partes del parque para poder hacerlo más accesible al público, por ejemplo el aparcamiento que tenemos justo en la entrada que nos muestra un claro indicativo de la cantidad de turistas que pueden pasar por ahí a lo largo del año.
Pero no me voy a poner tiquismiquis con este tema ya que gracias a esas infraestructuras, hoy en día este privilegiado lugar con toda la flora y fauna que habita en el, se mantiene increíblemente hermoso y protegido.
Los precios de la zona del parque abierta al público son aproximadamente de unos 10€ en temporada baja y casi 15€ en temporada alta.
El mayor atractivo que tiene el parque es la zona del valle en la cual se han formado 16 pequeños lagos entrelazados por cascadas gracias a la formación de barreras travertinas. Estas barreras son una especie de diques creados de forma natural y que hacen que cada lago tenga una altitud distinta. El más alto se encuentra a 636 m sobre el nivel del mar y el mas bajo a 503 m.
A las barreras travertinas se las llama así porque están formadas por una especie de piedra caliza muy suave y porosa que se produce en las aguas cársticas que al disolverse y mezclarse con algas y musgos forma estos fantásticos saltos de agua que sorprenden tanto al turista que va caminando junto a la orilla o cruzando cascadas.
Esto de cruzar cascadas a lo mejor suena a locura cuando se lee así sin más pero es que los encargados del parque han instalado a lo largo de casi todo el recorrido para proteger el paisaje y que no se destroce nada por el paso de las miles de personas que visitan el parque cada año unas pasarelas de madera a lo largo de todo el recorrido que hacen que podamos cruzar zonas completamente inundadas sin necesidad de mojarnos.
Una cosa que os llamará mucho la atención son los cambios de color del agua en los distintos lagos pasando de verdes y azules muy claros parecidos a los del Caribe a grises y azules oscuro como los lagos del norte de Escocia. Este fenómeno se debe a múltiples factores como por ejemplo la cantidad de minerales y organismos de las profundidades, la profundidad en sí del lago o el ángulo con el que incide la luz en la superficie de ellos. Eso si, por norma del Parque Nacional de Plitvička, no se puede bañar nadie en ningún sitio del parque aunque la gente este pasando un calor infernal.
La zona de los lagos esta rodeada de un gran bosque en el que las hayas son el tipo de árbol predominante y en el que viven animales de diversas especies destacando los osos pardos y las distintas aves que hacen de este espacio su zona de cría.
Dentro del parque nos encontraremos con numerosas instalaciones que hacen la visita mas fácil. Hay varios puntos dentro del recorrido en los que encontramos zonas de descanso con algún restaurante y merenderos y, como no, baños y bares donde poder comprar algo de beber para poder sofocar la sed producida por las largas caminatas que nos pegaremos para ver todo el parque.
Aparte de esto, hay varios puntos en los que, si las piernas ya no nos responden como deberían, podemos coger varios medios de transporte para avanzar en la ruta sin cansarnos y sin tener que renunciar a ver ciertas partes como pueden ser unos barcos eléctricos que cruzan uno de los lagos y que nos dan una perspectiva completamente distinta o unos autobuses (super raros) que nos facilitan el descenso al punto de partida.
La ruta que nosotros elegimos fue la mas larga siendo ésta por la parte de arriba del valle para poder observar los lagos inferiores desde una perspectiva superior. Para acceder a esta ruta, una vez que se ve la cascada mas alta en la que hay como unos bancos para poderse echar la foto de grupo, hay que subir unas escaleras que parecen interminables y que hacen que se llegue a la cima con la lengua fuera. Pero esta ruta no te obliga a verlo todo desde esta altura ya que llega un punto en el que se vuelve a estar en la orilla de los lagos para poder continuar con nuestro camino.
sábado, 27 de octubre de 2012
martes, 16 de octubre de 2012
Takoyaki, las bolas rellenas de pulpo
Hace tiempo que quería compartir con vosotros uno de mis descubrimientos favoritos de Japón, las Takoyaki. Seguro que a muchos de los que me leéis, este nombre no os diga absolutamente nada a no ser que hayáis visitado ya la ciudad nipona de Osaka. Esta palabra se utiliza para definir un plato típico de esta ciudad que me impresiono bastante por su sencillez y por lo bueno y barato que estaba. A ver si os gusta.
Las Takoyaki son unas bolas hechas con harina de trigo y pulpo como ingredientes principales aunque no queda aquí la cosa.
Empezare por el principio. Cuando estéis caminando por algunas zonas de Osaka veréis unos puestos en los que el dibujo de un pulpo sera el elemento publicitario principal para captar la atención de la gente. En estos puestos podremos observar unas planchas bastante grandes en las que, a diferencia de las planas que conocemos nosotros, se aprecian como unos huecos con forma semi-esférica que hacen que tenga una cierta similitud con una huevera. Pues bien, esta es la herramienta, junto con los palillos largos, que se necesita para hacer las Takoyaki.
Para cocinarlas se empieza elaborando la masa que va a estar formada por la harina de trigo, huevos y agua. Esta masa se va echando en los distintos huecos en los cuales se añade un trocito de pulpo y puerro (todo en pequeñas dosis porque las bolas tienen el tamaño de una pelota de golf aproximadamente). Aquí es donde empieza el cocinero o cocinera con sus manos expertas después de hacer muchas bolas, a darles la vuelta una a una con los palillos para que la bola se haga por ambos lados.
Una vez hechas, te las sirven en una bandejita con una salsa marrón que se llama igual que las bolas y el toque final, unas algas verdes (aonori) y virutas de bonito seco (katsuobushi) espolvoreadas por encima.
Es un plato que yo no pondría como plato principal en una comida pero que sienta muy bien cuando se tiene algo de hambre entre las principales.
Imagino que si se esta viviendo allí, solo las comerán en estas situaciones pero yo que estaba de paso y que no es lo que suelo tener en el super de al lado para comprar, las comí a todas horas. Creo que de los dos días que pase en Osaka las pedí como tres veces. Estaban increíblemente buenas.
Si no tenéis mucha prisa, os recomiendo que veáis con que maña las hacen y lo poco que tardan ellos en hacerlas, además, la forma de las bolas es prácticamente perfecta. Espero que os gusten!!
Las Takoyaki son unas bolas hechas con harina de trigo y pulpo como ingredientes principales aunque no queda aquí la cosa.
Empezare por el principio. Cuando estéis caminando por algunas zonas de Osaka veréis unos puestos en los que el dibujo de un pulpo sera el elemento publicitario principal para captar la atención de la gente. En estos puestos podremos observar unas planchas bastante grandes en las que, a diferencia de las planas que conocemos nosotros, se aprecian como unos huecos con forma semi-esférica que hacen que tenga una cierta similitud con una huevera. Pues bien, esta es la herramienta, junto con los palillos largos, que se necesita para hacer las Takoyaki.
Para cocinarlas se empieza elaborando la masa que va a estar formada por la harina de trigo, huevos y agua. Esta masa se va echando en los distintos huecos en los cuales se añade un trocito de pulpo y puerro (todo en pequeñas dosis porque las bolas tienen el tamaño de una pelota de golf aproximadamente). Aquí es donde empieza el cocinero o cocinera con sus manos expertas después de hacer muchas bolas, a darles la vuelta una a una con los palillos para que la bola se haga por ambos lados.
Una vez hechas, te las sirven en una bandejita con una salsa marrón que se llama igual que las bolas y el toque final, unas algas verdes (aonori) y virutas de bonito seco (katsuobushi) espolvoreadas por encima.
Es un plato que yo no pondría como plato principal en una comida pero que sienta muy bien cuando se tiene algo de hambre entre las principales.
Imagino que si se esta viviendo allí, solo las comerán en estas situaciones pero yo que estaba de paso y que no es lo que suelo tener en el super de al lado para comprar, las comí a todas horas. Creo que de los dos días que pase en Osaka las pedí como tres veces. Estaban increíblemente buenas.
Si no tenéis mucha prisa, os recomiendo que veáis con que maña las hacen y lo poco que tardan ellos en hacerlas, además, la forma de las bolas es prácticamente perfecta. Espero que os gusten!!
viernes, 14 de septiembre de 2012
Bolardos
Una de las curiosidades de este blog son las entradas relacionadas con el mobiliario urbano y hoy os quiero mostrar otro conjunto de esos elementos que nos encontramos en muchas ciudades y a los cuales no prestamos demasiada atención, los bolardos.
Los bolardos son unos postes verticales construidos en piedra o en algún metal tipo aluminio, acero o hierro que se sitúan en los bordes de las aceras o al inicio de calles peatonales para evitar que los coches invadan estos espacios. Para su sujeción con el suelo se les fabrica como una zapata pequeña de hormigón en la que se ancla la parte central del bolardo que suele ser más larga de lo que después nosotros vemos al andar por la calle. La forma de colocarlos para que realicen su función es en hileras.
Bolardos puente que une Windsor con Eton
Otro uso para estos elementos es el impedir el alunizaje en comercios por medio de vehículos. Para ello muchos comerciantes lo que hacen es colocar una hilera de bolardos justo enfrente de sus escaparates para así dificultar el robo a los ladrones que quieran estampar su coche con el cristal para poder romperlo y así entrar en el comercio.
Otro tipo de bolardos son los que se controlan por control remoto para prohibir el acceso a zonas privadas y calles en las que solo se permite el paso de vehículos municipales o de residentes. Estos bolardos se quedan a ras del suelo cuando se les acciona para que pasen los coches.
Pero los bolardos, igual que tienen sus defensores, tienen sus detractores. Y es que, muchas veces dificultan el paso a personas que llevan carritos de bebés, ancianos o personas con movilidad reducida.
Y otro inconveniente es el elevado coste que supone a las arcas públicas el ponerlos por primera vez y su posterior mantenimiento ya que son unos elementos que se dañan con facilidad por los golpes que reciben.
Os aconsejo que os fijéis en ellos, es curioso descubrir como en cada ciudad le dan su toque especial a estos postes.
Bolardo Varsovia
Bolardo Amsterdam
Bolardo Bruselas
Bolardo Gante
lunes, 10 de septiembre de 2012
Windsor
Hoy os voy a proponer una excursión cercana a Londres que hará que os olvidéis por un día de la gran ciudad. Esta entrada principalmente creo que está dirigida para los que hayáis venido ya más de una vez a la capital inglesa y no sepáis que más ir a visitar aunque, pensándolo bien, también les puede venir bien a los que vengan muchos días y quieran conocer algo de los alrededores; a los que vivan aquí pero todavía no se hayan aventurado a hacer alguna excursión fuera de la ciudad; a los que reciban visitas y ya no sepan dónde llevarles, etc. En definitiva, creo que es una entrada que a más de uno le puede venir de perlas.
Para ir a este pueblecito que se encuentra a unos 40 kilómetros al oeste de Londres, hay varias opciones. La primera y quizás más práctica es en bus, esta fue la que yo elegí porque había una parada muy cerca de mi casa aunque no sé si será la más barata. La compañía que hace este trayecto se llama Green Line y tiene varias paradas por Londres. Sale desde Victoria Station y realiza paradas en Hyde Park Corner, Kensington y Hammersmith. El billete que yo compré fue desde Hammersmith a Windsor y me costó 15 libras ida y vuelta. El trayecto dura algo menos de una hora.
La otra opción es el tren aunque esta no la conozco muy bien, lo único que sé es que salen los trenes desde Paddington y se tarda como media hora.
Cuando llegas a Windsor lo primero que te encuentras es con un pueblo no muy grande lleno de restaurantes y tiendas que hacen pensar que el pueblo es bastante más grande de lo que se ve en un principio ya que sino fuese así, tanto comercio sería imposible que existiese. Hay algunas calles de cuento con sus casitas bajas y suelo de adoquines que merece la pena recorrer; y junto al río se puede descansar en alguno de los parques o simplemente pasear y disfrutar del entorno.
Una vez allí, sorprende ver las mareas de turistas que hay por todo el pueblo los cuales van casi exclusivamente para visitar su atracción principal, el Castillo de Windsor.
Este castillo ha servido de residencia para la Familia Real Británica desde la Edad Media convirtiéndolo así en el palacio europeo habitado más antiguo. Cuesta creer que hoy en día todavía sea el lugar elegido por la Reina Isabel II de Inglaterra para descansar algunos fines de semana.
Este castillo cuenta con un Palacio Real, una gran capilla, unos jardines y muchas casas en las que hoy en día sigue viviendo el personal que trabaja allí. Todo unido ocupa una extensión total de 10,5 hectáreas. Es curioso el ver esta parte del castillo ya que no te imaginas que hoy en día pueda seguir habiendo gente que vive y trabaja en este tipo de lugares al servicio de una de las familias reales más antiguas de Europa.
Una de las partes más espectaculares de todo el complejo son las Salas de Estado las cuales están decoradas con una riqueza y lujo como ya no se conoce ni se da en nuestros días. A mí me impresionó bastante el llegar a una sala y encontrarme con cuadros de los pintores de la talla de Rembrandt o Rubens o con una casa de muñecas que perteneció a la Reina María en la que todo está cuidado al detalle y en la que, como dato curioso, se puede ver junto al aposento de la Reina unos cuartos dedicados a hombres. Antiguamente las reinas no se lo debían de pasar muy mal teniendo algo así tan cerca de sus dependencias.
La capilla de San Jorge es uno de los ejemplos del gótico Inglés y sede de la orden de la Jarretera (orden superior de la caballería británica). Al visitarla nos encontramos con personas que trabajan para esta orden que te pueden explicar cualquier cosa que desees saber. Este emplazamiento es importante para el pueblo británico ya que aquí descansan los restos de 10 monarcas entre los cuales podemos destacar a Enrique VIII famoso por todas las esposas que tuvo y por ser el Rey que rompió los lazos con la Iglesia Católica Romana fundando a su vez la Iglesia Anglicana.
Es muy famosa la imagen en la que aparecen los jardines con el castillo al fondo, y principalmente fue este el motivo que me llevó a mí a ir hasta este pueblo del oeste de Londres pero una vez allí se me olvidó que existían y no los visité. Espero hacerlo en alguna visita futura para poder disfrutar de ellos.
Si cruzamos el Río Támesis desde Windsor, llegamos a Eton, pueblecito en el que se encuentra el famoso Eton College al cual no pudimos acceder ni a echar un vistazo. Las instalaciones tenían pinta de ser al más puro estilo inglés de guardar las formas y respetar protocolos, y uno de estos sitios a los que sólo acuden ingleses con un poder adquisitivo muy elevado.
Para ir a este pueblecito que se encuentra a unos 40 kilómetros al oeste de Londres, hay varias opciones. La primera y quizás más práctica es en bus, esta fue la que yo elegí porque había una parada muy cerca de mi casa aunque no sé si será la más barata. La compañía que hace este trayecto se llama Green Line y tiene varias paradas por Londres. Sale desde Victoria Station y realiza paradas en Hyde Park Corner, Kensington y Hammersmith. El billete que yo compré fue desde Hammersmith a Windsor y me costó 15 libras ida y vuelta. El trayecto dura algo menos de una hora.
La otra opción es el tren aunque esta no la conozco muy bien, lo único que sé es que salen los trenes desde Paddington y se tarda como media hora.
Cuando llegas a Windsor lo primero que te encuentras es con un pueblo no muy grande lleno de restaurantes y tiendas que hacen pensar que el pueblo es bastante más grande de lo que se ve en un principio ya que sino fuese así, tanto comercio sería imposible que existiese. Hay algunas calles de cuento con sus casitas bajas y suelo de adoquines que merece la pena recorrer; y junto al río se puede descansar en alguno de los parques o simplemente pasear y disfrutar del entorno.
Una vez allí, sorprende ver las mareas de turistas que hay por todo el pueblo los cuales van casi exclusivamente para visitar su atracción principal, el Castillo de Windsor.
Castillo de Windsor
Este castillo ha servido de residencia para la Familia Real Británica desde la Edad Media convirtiéndolo así en el palacio europeo habitado más antiguo. Cuesta creer que hoy en día todavía sea el lugar elegido por la Reina Isabel II de Inglaterra para descansar algunos fines de semana.
Este castillo cuenta con un Palacio Real, una gran capilla, unos jardines y muchas casas en las que hoy en día sigue viviendo el personal que trabaja allí. Todo unido ocupa una extensión total de 10,5 hectáreas. Es curioso el ver esta parte del castillo ya que no te imaginas que hoy en día pueda seguir habiendo gente que vive y trabaja en este tipo de lugares al servicio de una de las familias reales más antiguas de Europa.
Una de las partes más espectaculares de todo el complejo son las Salas de Estado las cuales están decoradas con una riqueza y lujo como ya no se conoce ni se da en nuestros días. A mí me impresionó bastante el llegar a una sala y encontrarme con cuadros de los pintores de la talla de Rembrandt o Rubens o con una casa de muñecas que perteneció a la Reina María en la que todo está cuidado al detalle y en la que, como dato curioso, se puede ver junto al aposento de la Reina unos cuartos dedicados a hombres. Antiguamente las reinas no se lo debían de pasar muy mal teniendo algo así tan cerca de sus dependencias.
Salas de Estado
La capilla de San Jorge es uno de los ejemplos del gótico Inglés y sede de la orden de la Jarretera (orden superior de la caballería británica). Al visitarla nos encontramos con personas que trabajan para esta orden que te pueden explicar cualquier cosa que desees saber. Este emplazamiento es importante para el pueblo británico ya que aquí descansan los restos de 10 monarcas entre los cuales podemos destacar a Enrique VIII famoso por todas las esposas que tuvo y por ser el Rey que rompió los lazos con la Iglesia Católica Romana fundando a su vez la Iglesia Anglicana.
Es muy famosa la imagen en la que aparecen los jardines con el castillo al fondo, y principalmente fue este el motivo que me llevó a mí a ir hasta este pueblo del oeste de Londres pero una vez allí se me olvidó que existían y no los visité. Espero hacerlo en alguna visita futura para poder disfrutar de ellos.
Capilla de San Jorge
Si cruzamos el Río Támesis desde Windsor, llegamos a Eton, pueblecito en el que se encuentra el famoso Eton College al cual no pudimos acceder ni a echar un vistazo. Las instalaciones tenían pinta de ser al más puro estilo inglés de guardar las formas y respetar protocolos, y uno de estos sitios a los que sólo acuden ingleses con un poder adquisitivo muy elevado.
Eton
viernes, 31 de agosto de 2012
Fish & Chips en Kerbisher & Malt
Seguramente que todos vosotros si os hiciesen la pregunta, ¿cuál es la comida más conocida de Inglaterra?, rápidamente se os vendría a la cabeza el Fish & Chips. Y es que estos ingleses no es que destaquen en tener una de las más variadas o elaboradas cocinas del mundo. Este motivo es el que nos lleva a pensar a todos en lo mismo sin entrar en dilemas por tener muchas comidas distintas donde poder elegir.
Desde que he llegado a Londres he podido probar este plato en numerosos pubs, restaurantes, sitios de comida para llevar, etc. pero no fue hasta hace poco cuando, gracias a una avmiga, descubrí quizás uno de los mejores sitios (desde mi punto de vista, claro) donde poder comerlo. El restaurante se llama Kerbisher & Malt.
El Fish & Chips básicamente es un plato de pescado rebozado y frito con patatas fritas. Si, es así de sencillo como suena y cuesta creer que en muchos sitios no lo hagan bien pero es que, a mi parecer, el rebozado, la forma de freírlo y la calidad del producto cuentan mucho.
Un detalle curioso es que si lo consumimos en alguno de los muchos pubs que lo sirven, vendrá acompañado de un puré de guisantes que, sinceramente, no es gran cosa.
Se dice que el origen del plato no es británico, que fueron los judíos españoles y portugueses que huían de la Península Ibérica los que trajeron a la isla la forma de elaborar el pescado rebozado y los franceses los que hicieron por primera vez las patatas fritas, pero aún así, no fue hasta el siglo XIX cuando los ingleses unieron estos dos alimentos para formar su famoso plato que después extenderían por el resto de países anglosajones.
Son varias los tipos de pescado que se utilizan para esta comida, pero lo que si tienen en común todos ellos es que suelen ser pescados blancos como la pescadilla, la platija y el abadejo aunque el más típico de todos es el bacalao.
Los ingleses empezaron a comerlo porque era un plato que podemos considerar de comida rápida y encima cumple las cualidades también de ser un plato de comida para llevar. Y es muy sabido por todos que aquí no se dedica mucho tiempo para comer por lo que se fue extendiendo rápidamente su consumo hasta llegar a tener alrededor de 8500 establecimientos de este tipo en todo Reino Unido.
En un principio se servía envuelto en papel de periódico cosa que tuvieron que prohibir las autoridades sanitarias ya que la tinta que cubría el papel no era nada saludable al ingerirla.
Ahora que ya he explicado más o menos en qué consiste esta comida típica, contaros un poco acerca del restaurante que he elegido hoy sobre el que escribir mi entrada, el Kerbisher & Malt.
Este restaurante se encuentra muy cerca de la parada de metro llamada Hammersmith, no es un sitio por el que el turista suele pasar en su visita a Londres. Para llegar hasta él habrá que coger la calle Shepherds Bush Road hasta el número 164, más o menos unos 5 minutos caminando desde la estación.
Este restaurante utiliza productos frescos y, al contrario que en todos los sitios de comida para llevar, ellos no fríen el pescado hasta que no han recibido la petición de algún cliente por lo que el rebozado no se reblandece. Tienen también una carta de salsas para acompañar el pescado o las patatas que elaboran ellos mismos.
A mi lo que me gusta de este establecimiento es que puedes ver la cocina en la que están trabajando los cocineros y que, para ser una cocina en la que se está friendo constantemente en freidoras industriales que suelen ponerlo todo perdido, no se ve que esté llena de grasa.
El menú no es muy amplio debido al tipo de restaurante que es pero esto no es algo en su contra, mas bien hace que su plato estrella no compita con otros y que la gente que realmente viene aquí a comprar su Fish & Chips lo haga por esto mismo.
Tiene unos horarios bastante buenos teniendo en cuenta la ciudad en la que nos encontramos. Los Lunes es el día de descanso pero de Martes a Sábado permanece abierto de 12 de la mañana a 10 de la noche y los Domingos cierra una hora antes.
Ahora han abierto otro restaurante en Ealing Broadway que, para los que visitáis Londres por unos días, quizás es demasiado lejos para ir hasta allí por lo que no entraré en describir localización y horarios.
Espero que disfrutéis de vuestro Fish & Chips.
El Fish & Chips básicamente es un plato de pescado rebozado y frito con patatas fritas. Si, es así de sencillo como suena y cuesta creer que en muchos sitios no lo hagan bien pero es que, a mi parecer, el rebozado, la forma de freírlo y la calidad del producto cuentan mucho.
Un detalle curioso es que si lo consumimos en alguno de los muchos pubs que lo sirven, vendrá acompañado de un puré de guisantes que, sinceramente, no es gran cosa.
Se dice que el origen del plato no es británico, que fueron los judíos españoles y portugueses que huían de la Península Ibérica los que trajeron a la isla la forma de elaborar el pescado rebozado y los franceses los que hicieron por primera vez las patatas fritas, pero aún así, no fue hasta el siglo XIX cuando los ingleses unieron estos dos alimentos para formar su famoso plato que después extenderían por el resto de países anglosajones.
Son varias los tipos de pescado que se utilizan para esta comida, pero lo que si tienen en común todos ellos es que suelen ser pescados blancos como la pescadilla, la platija y el abadejo aunque el más típico de todos es el bacalao.
Los ingleses empezaron a comerlo porque era un plato que podemos considerar de comida rápida y encima cumple las cualidades también de ser un plato de comida para llevar. Y es muy sabido por todos que aquí no se dedica mucho tiempo para comer por lo que se fue extendiendo rápidamente su consumo hasta llegar a tener alrededor de 8500 establecimientos de este tipo en todo Reino Unido.
En un principio se servía envuelto en papel de periódico cosa que tuvieron que prohibir las autoridades sanitarias ya que la tinta que cubría el papel no era nada saludable al ingerirla.
Ahora que ya he explicado más o menos en qué consiste esta comida típica, contaros un poco acerca del restaurante que he elegido hoy sobre el que escribir mi entrada, el Kerbisher & Malt.
Este restaurante se encuentra muy cerca de la parada de metro llamada Hammersmith, no es un sitio por el que el turista suele pasar en su visita a Londres. Para llegar hasta él habrá que coger la calle Shepherds Bush Road hasta el número 164, más o menos unos 5 minutos caminando desde la estación.
Este restaurante utiliza productos frescos y, al contrario que en todos los sitios de comida para llevar, ellos no fríen el pescado hasta que no han recibido la petición de algún cliente por lo que el rebozado no se reblandece. Tienen también una carta de salsas para acompañar el pescado o las patatas que elaboran ellos mismos.
A mi lo que me gusta de este establecimiento es que puedes ver la cocina en la que están trabajando los cocineros y que, para ser una cocina en la que se está friendo constantemente en freidoras industriales que suelen ponerlo todo perdido, no se ve que esté llena de grasa.
El menú no es muy amplio debido al tipo de restaurante que es pero esto no es algo en su contra, mas bien hace que su plato estrella no compita con otros y que la gente que realmente viene aquí a comprar su Fish & Chips lo haga por esto mismo.
Tiene unos horarios bastante buenos teniendo en cuenta la ciudad en la que nos encontramos. Los Lunes es el día de descanso pero de Martes a Sábado permanece abierto de 12 de la mañana a 10 de la noche y los Domingos cierra una hora antes.
Ahora han abierto otro restaurante en Ealing Broadway que, para los que visitáis Londres por unos días, quizás es demasiado lejos para ir hasta allí por lo que no entraré en describir localización y horarios.
Espero que disfrutéis de vuestro Fish & Chips.
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Comidas típicas,
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