Hoy quiero presentaros un elemento del mobiliario urbano que encontramos frecuentemente por las calles de París y el cual hay que tener en cuenta ya que nos da un servicio imprescindible para el turista y totalmente gratuito, las Fuentes Wallace.
Hasta mi segundo viaje a esta ciudad no me percaté de su existencia y fue gracias a que una amiga me contó que estas fuentes eran de agua potable y que estaban colocadas por todo París. Imagino que en mi primer viaje a esta ciudad pasaron desapercibidas para mi porque era Noviembre y en esta época las fuentes dejan de funcionar para poder evitar que se deterioren por las heladas. En mi segunda visita, en pleno Agosto y con ola de calor, el beber agua era necesario por tanto era imposible que pasasen inadvertidas.
La idea de estas fuentes surge del filántropo británico Richard Wallace. Amante de la ciudad de París, vio como en los años 1870 esta sufría tiempos difíciles. La clase trabajadora de la ciudad perdía el acceso al agua potable por el gran encarecimiento que se dio tras la guerra con Prusia. Esta subida del precio de un bien necesario no solo hacía que los parisinos no pudiesen beber sino que repercutía en la higiene y en el alcoholismo (el vino era mas barato que el agua) dándose así problemas sociales severos.
Richard Wallace no solo ayudó a los parisinos con este gesto. En el día de su muerte fue honrado por éstos por haber sido un hombre que no perseguía la fama y los reconocimientos públicos sino que pensaba y actuaba para ayudar a la ciudadanía y a la vez seguir embelleciendo París.
El diseño de las fuentes se las encargó al escultor Charles-Auguste Lebourg pero éste se tenia que ceñir a unos criterios bien claros impuestos por el filántropo. Las fuentes tenían que ser lo suficientemente grandes para ser vistas de lejos pero no tanto como para perturbar el paisaje de París y por otro lado aportar un toque de belleza a la ciudad que no estropease la visión de su arquitectura y su mobiliario urbano en conjunto. El ayuntamiento sería el encargado de elegir ese tono verde oscuro que presentan ya que debía ser el color predominante en esa época para los elementos dispuestos por toda la ciudad.
Otras exigencias, ya con un toque mas logístico, del Señor Wallace fueron que el precio no debía ser muy elevado para poder instalar el mayor número posible de fuentes y que el material con el que se elaborasen fuese resistente y sencillo a la hora de trabajarlo y mantenerlo. El material elegido sería el hierro fundido.
Al final se diseñaron cuatro modelos distintos aunque el más conocido es el que se inspira en la Fuente de Los Inocentes ubicada en esta misma ciudad. Yo fue el único que vi y por el cual he querido escribir esta entrada y por tanto el único que explicaré aquí ya que también es el que predomina entre todos.
Mide 2,71 m y pesa algo mas de 600 kg siendo así el más grande de todos. El diseño se basa en una base octogonal que sostiene cuatro cariátides que a su vez sostienen una cúpula coronada por un pico con delfines. Estas cuatro cariátides, aunque pueden parecer iguales, tienen ligeros matices que las hacen diferentes. Representan la Bondad, la Simplicidad, la Caridad y la Sobriedad pero también las cuatro estaciones.
El agua cae constante desde el centro de la cúpula a un hueco en el centro de la base octogonal protegido por una rejilla para que no se tapone. Hace años, en cada fuente había unas tazas de metal enganchadas a una cadena para que la gente bebiese pero por motivos de seguridad y salud fueron retiradas a mediados del siglo XX.
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lunes, 7 de enero de 2013
lunes, 20 de agosto de 2012
París, ¿la ciudad de la luz?
Este fin de semana he vuelto a París. Para mí representaba una espinita clavada ya que es una ciudad a la que tenía que volver en algún momento porque en mi primera visita sólo pude conocer los sitios más turísticos. Como ya os habréis dado cuenta al leer algunas cosas en mi blog, yo soy más de vivir un poco la ciudad en mis viajes que de dedicarme a ir como un borrego detrás de un guía escuchando todo lo que me dice sobre las atracciones turísticas aunque esto, alguna vez, también lo he hecho y un ejemplo es París.
En esa primera visita, también de fin de semana, no tuve tiempo de conocer la ciudad como tal sino que visitamos el escenario turístico que hay preparado para que el turista se enamore y vuelva a ella. Pero en esta escapada no he hecho otra cosa que deambular bajo el calor asfixiante por el París de agosto vacío de parisinos y que da otra imagen completamente distinta al viajero que llega hasta esos rincones alejados del bullicio de los Campos Elíseos o la Torre Eiffel.
Estos contrastes son los que me han llevado a escribir esta entrada sobre curiosidades que espero os llamen la atención como a mí lo han hecho.
Quiero empezar a contaros lo primero que me encontré nada más llegar a la Gare du Nord y salir a la calle a fumarme un cigarro. Los olores de París.
La capital francesa es conocida por ser la cuna del perfume aunque para tener este honor deja mucho que desear en este campo. Los muros de la fachada de esta estación están repletos de orines que no dejan un aroma muy bueno en la zona y más cuando las temperaturas superan los 30º que los intensifican hasta ser desagradables. En pocas ciudades de la Europa del siglo XXI había yo notado esto de forma tan intensa y en tantos sitios distintos ya que éste no sería el único lugar donde estos olores nos producirían esta sensación tan desagradable.
En muchos de los pasillos del metro era insoportable el olor que había. Imagino que no será porque la gente se ponga a mear en ellos aunque si no es por esto, ¿por qué otra cosa puede ser? También al caminar por las callejuelas, en algunos rincones un poco aislados en los que es más fácil camuflarte durante la noche para poder mear, se notaba esta pestilencia.
Otra cosa que llama la atención cuando caminas por la calle es la cantidad de gente sin techo que hay en París. Es habitual, en la mayoría de las grandes urbes, encontrarse gente que viste con ropas viejas y sucias que no tienen un hogar y hacen de la calle un sitio donde poder dormir. Pero en esta ciudad el número de personas a las que les pasa esto es escalofriante y es algo que contrasta muchísimo con las tiendas de lujo que nos encontramos. Pero lo que más sorprende y preocupa a la vez es que se ven muchos niños que pasan por esta situación por el simple hecho de pertenecer a una comunidad (los gitanos rumanos) que se encuentra excluida por una parte bastante representativa de la sociedad parisina.
En mi visita hacía calor pero no me quiero imaginar durante el gélido invierno parisino lo que deben de pasar estas personas al dormir a la intemperie. Es posible que muchos de ellos mueran en las calles de París ante la mirada impasible del resto de vecinos.
Lo siguiente que me sorprendió es la inseguridad que se siente en esta ciudad y más si eres mujer. Algunos hombres no se cortan nada en recorrer con la mirada el cuerpo de mujeres que van solas o acompañadas de otras mujeres creando situaciones muy incómodas en las que la mujer siente como violan su cuerpo sin llegar a haber ningún tipo de contacto físico. Este tipo de gente es bastante desagradable y creen poder comerse a las personas con los ojos mientras éstas lo único que esperan es pasar rápido de largo, que llegue su parada para poder bajarse, es decir, salir huyendo. Pero no sólo para las mujeres es peligroso ya que muchos hombres tienen que lidiar con este tipo de actuaciones hacia sus parejas, amigas o familiares que les pone en un lugar en el que no se encuentran cómodos si no son personas agresivas.
Por otro lado están los robos. Sólo he pasado un fin de semana allí pero mientras cenábamos y nos tomábamos una botella de vino junto al canal Saint Martin a una chica del grupo en el que me encontraba le robaron el bolso sin darnos ni cuenta. Puede que ella tenga también un poco de culpa por no llevarlo colgado todo el tiempo pero, ¿no pertenece París a un país civilizado en el que este tipo de cosas no deberían pasar?
Como habéis podido observar si conocéis mi blog, la afición que tengo por el mobiliario urbano de las ciudades que voy visitando es grande. Aquí, una cosa que me llamó la atención, fueron las papeleras que no tienen un diseño que sea armónico con el resto de la ciudad. Aquí las papeleras son bolsas de plástico transparente enganchadas a una estructura metálica. El motivo de esto es el miedo a posibles atentados en los que los explosivos sean escondidos en papeleras de metal que no dejan ver el interior y por tanto localizar.
El fin puede estar justificado pero este hecho hace que París tenga una imagen de suciedad constante ya que se ve toda la basura del interior de las bolsas. Esto, respecto al turismo, es una cosa que no queda muy bien ya que en muchas de las fotos de los millones de turistas que visitan la ciudad se ven bolsas de basura.
La siguiente curiosidad que os quiero contar primero me enfureció y después me hizo pensar. Después de comer y viendo que la temperatura que marcaba el termómetro a esas horas no nos iba a permitir hacer mucho, nos pusimos a buscar algún sitio fresco en un parque en el que pasar las horas más calurosas del día tiradas en el césped a la sombra de algún árbol. Cuando pensamos encontrar el césped adecuado para una siesta tranquila y nos dispusimos a ir a la zona elegida, nos encontramos con la figura del personal de seguridad del césped (como me gusta definirles) que nos gritaban desde la otra punta del jardín para que nos saliésemos de allí. Sólo habíamos caminado un par de pasos sobre él pero el grito nos hizo darnos cuenta de que nadie más estaba sentado en esa zona. Es curioso eso de tener parques en los que no se pueda disfrutar de todas las zonas pero así es como consiguen la fama con sus jardines de película. Poco después encontramos otro sitio que a mi me parecía prácticamente igual y en el que sí que pudimos por fin sentarnos rodeadas de muchísima más gente.
Para terminar esta entrada y dejar a la gente con una curiosidad que sí que me sorprendió a bien es que París es una de las ciudades en las que me he encontrado más Street Art de todas las que conozco. En muchas esquinas de edificios, en las zonas en las que está la placa que indica el nombre de las calles, en puentes, en fachadas, por todos lados te encuentras expresiones artísticas que llaman la atención haciendo que el recorrer las calles del París menos conocido turísticamente sea emocionante.
Como podéis ver, las curiosidades que a mi más me han sorprendido no dejan París en muy buena situación pero cada uno tiene su propia forma de ver, sentir y conocer las ciudades.
En esa primera visita, también de fin de semana, no tuve tiempo de conocer la ciudad como tal sino que visitamos el escenario turístico que hay preparado para que el turista se enamore y vuelva a ella. Pero en esta escapada no he hecho otra cosa que deambular bajo el calor asfixiante por el París de agosto vacío de parisinos y que da otra imagen completamente distinta al viajero que llega hasta esos rincones alejados del bullicio de los Campos Elíseos o la Torre Eiffel.
Estos contrastes son los que me han llevado a escribir esta entrada sobre curiosidades que espero os llamen la atención como a mí lo han hecho.
Quiero empezar a contaros lo primero que me encontré nada más llegar a la Gare du Nord y salir a la calle a fumarme un cigarro. Los olores de París.
La capital francesa es conocida por ser la cuna del perfume aunque para tener este honor deja mucho que desear en este campo. Los muros de la fachada de esta estación están repletos de orines que no dejan un aroma muy bueno en la zona y más cuando las temperaturas superan los 30º que los intensifican hasta ser desagradables. En pocas ciudades de la Europa del siglo XXI había yo notado esto de forma tan intensa y en tantos sitios distintos ya que éste no sería el único lugar donde estos olores nos producirían esta sensación tan desagradable.
En muchos de los pasillos del metro era insoportable el olor que había. Imagino que no será porque la gente se ponga a mear en ellos aunque si no es por esto, ¿por qué otra cosa puede ser? También al caminar por las callejuelas, en algunos rincones un poco aislados en los que es más fácil camuflarte durante la noche para poder mear, se notaba esta pestilencia.
Otra cosa que llama la atención cuando caminas por la calle es la cantidad de gente sin techo que hay en París. Es habitual, en la mayoría de las grandes urbes, encontrarse gente que viste con ropas viejas y sucias que no tienen un hogar y hacen de la calle un sitio donde poder dormir. Pero en esta ciudad el número de personas a las que les pasa esto es escalofriante y es algo que contrasta muchísimo con las tiendas de lujo que nos encontramos. Pero lo que más sorprende y preocupa a la vez es que se ven muchos niños que pasan por esta situación por el simple hecho de pertenecer a una comunidad (los gitanos rumanos) que se encuentra excluida por una parte bastante representativa de la sociedad parisina.
En mi visita hacía calor pero no me quiero imaginar durante el gélido invierno parisino lo que deben de pasar estas personas al dormir a la intemperie. Es posible que muchos de ellos mueran en las calles de París ante la mirada impasible del resto de vecinos.
Lo siguiente que me sorprendió es la inseguridad que se siente en esta ciudad y más si eres mujer. Algunos hombres no se cortan nada en recorrer con la mirada el cuerpo de mujeres que van solas o acompañadas de otras mujeres creando situaciones muy incómodas en las que la mujer siente como violan su cuerpo sin llegar a haber ningún tipo de contacto físico. Este tipo de gente es bastante desagradable y creen poder comerse a las personas con los ojos mientras éstas lo único que esperan es pasar rápido de largo, que llegue su parada para poder bajarse, es decir, salir huyendo. Pero no sólo para las mujeres es peligroso ya que muchos hombres tienen que lidiar con este tipo de actuaciones hacia sus parejas, amigas o familiares que les pone en un lugar en el que no se encuentran cómodos si no son personas agresivas.
Por otro lado están los robos. Sólo he pasado un fin de semana allí pero mientras cenábamos y nos tomábamos una botella de vino junto al canal Saint Martin a una chica del grupo en el que me encontraba le robaron el bolso sin darnos ni cuenta. Puede que ella tenga también un poco de culpa por no llevarlo colgado todo el tiempo pero, ¿no pertenece París a un país civilizado en el que este tipo de cosas no deberían pasar?
Como habéis podido observar si conocéis mi blog, la afición que tengo por el mobiliario urbano de las ciudades que voy visitando es grande. Aquí, una cosa que me llamó la atención, fueron las papeleras que no tienen un diseño que sea armónico con el resto de la ciudad. Aquí las papeleras son bolsas de plástico transparente enganchadas a una estructura metálica. El motivo de esto es el miedo a posibles atentados en los que los explosivos sean escondidos en papeleras de metal que no dejan ver el interior y por tanto localizar.
El fin puede estar justificado pero este hecho hace que París tenga una imagen de suciedad constante ya que se ve toda la basura del interior de las bolsas. Esto, respecto al turismo, es una cosa que no queda muy bien ya que en muchas de las fotos de los millones de turistas que visitan la ciudad se ven bolsas de basura.
La siguiente curiosidad que os quiero contar primero me enfureció y después me hizo pensar. Después de comer y viendo que la temperatura que marcaba el termómetro a esas horas no nos iba a permitir hacer mucho, nos pusimos a buscar algún sitio fresco en un parque en el que pasar las horas más calurosas del día tiradas en el césped a la sombra de algún árbol. Cuando pensamos encontrar el césped adecuado para una siesta tranquila y nos dispusimos a ir a la zona elegida, nos encontramos con la figura del personal de seguridad del césped (como me gusta definirles) que nos gritaban desde la otra punta del jardín para que nos saliésemos de allí. Sólo habíamos caminado un par de pasos sobre él pero el grito nos hizo darnos cuenta de que nadie más estaba sentado en esa zona. Es curioso eso de tener parques en los que no se pueda disfrutar de todas las zonas pero así es como consiguen la fama con sus jardines de película. Poco después encontramos otro sitio que a mi me parecía prácticamente igual y en el que sí que pudimos por fin sentarnos rodeadas de muchísima más gente.
Para terminar esta entrada y dejar a la gente con una curiosidad que sí que me sorprendió a bien es que París es una de las ciudades en las que me he encontrado más Street Art de todas las que conozco. En muchas esquinas de edificios, en las zonas en las que está la placa que indica el nombre de las calles, en puentes, en fachadas, por todos lados te encuentras expresiones artísticas que llaman la atención haciendo que el recorrer las calles del París menos conocido turísticamente sea emocionante.
Como podéis ver, las curiosidades que a mi más me han sorprendido no dejan París en muy buena situación pero cada uno tiene su propia forma de ver, sentir y conocer las ciudades.
viernes, 23 de julio de 2010
El Jardín de las Tullerías
El Jardín de las Tullerías es un parquecito abierto al público y de acceso gratuito que hay en el centro de París en el que poder relajarte dando un paseo o, si el tiempo lo permite, sentarte en una de las muchas sillas y bancos repartidos por los caminos a tomar el sol.
El emplazamiento en el que está situado es inmejorable ya que se encuentra encima de la línea imaginaria que une los principales monumentos de la ciudad, por lo que el paso por él es practicamente obligatorio para todos los turistas que visitan París. Esta línea iría desde la Catedral de Notre-Dame hasta el Arco de la Défense pasando por la pirámide del Louvre, los Campos Elíseos, el Arco de Triunfo, etc. El Jardín de las Tullerías estaría situado entre el Arco del Triunfo del Carrousel y la Plaza de la Concordia.
Este jardín es el más antiguo de toda la ciudad y tiene una historia bastante dilatada de la que yo simplemente daré algún dato ya que no me gusta mucho extenderme en este sentido.
En 1564 Catalina de Médicis manda construir en esta zona un palacio al cual llama Palacio de Tuileries por las fábricas de tuiles (un tipo de teja) que hay en la zona. Junto al palacio, como no puede ser de otra forma, ordena la construcción de un jardín en el que poder celebrar fiestas, y en el que poder pasear sin que nadie la moleste entre naturaleza y fuentes.
En posteriores remodelaciones es cuando se van incluyendo árboles de varias especies y esculturas por todos los lados pareciéndose más a lo que hoy nos encontramos. Las praderas de cesped también son posteriores.
A finales del siglo XIX el palacio sufrió un incendio y fue demolido quedándose los jardines para uso público.
Como conclusión del uso que se le han ido dando a estos jardines, decir que, en un principio los jardines fueron privados, después pasaron a poder ser disfrutados por la alta sociedad parisina y hoy en día, por todo el mundo que quiera recorrerlos.
Algo que a mi parecer no pegaba mucho en los jardines pero que si lo miras desde el punto de vista económico es una gran idea, es la colocación de una noria en la Plaza de la Concordia, justo detras de una fuente bastante grande y con forma octogonal. La noria debido a la proximidad a los jardines, fastidia muchas fotos con los Campos Elíseos de fondo, pero también ofrece a todo el que se quiera subir a ella una panorámica inigualable de la totalidad del Jardín de las Tullerías con el Museo de Louvre al fondo por un lado, y de los Campos Elíseos con el Arco del Triunfo al otro. Yo no me subí a la noria por lo que no tengo ni idea de cuanto costará el acceso.
Para los niños hay muchas atracciones, pero claro, estas ya no son gratis. La más conocida es el alquiler de unos veleros de madera a los que poder ayudar a navegar en uno de los estanques del jardín mediante la ayuda de un pértiga. Pero para los que todavía no pueden ni sujetar la pértiga, también hay un tiovivo de madera que si podrán disfrutar.
Este parque tiene un horario que varía dependiendo de la época del año a la que se vaya ya que las horas de luz no son las mismas en verano que en invierno. Es conveniente que os informeis en la entrada.
Para llegar al parque lo mejor es coger la línea 1 de metro y bajarte en la parada llamada Tuileries. Pero otra opción es la parada llamada Concorde en la que puedes ir con las líneas 1, 8 y 12 de metro.
El emplazamiento en el que está situado es inmejorable ya que se encuentra encima de la línea imaginaria que une los principales monumentos de la ciudad, por lo que el paso por él es practicamente obligatorio para todos los turistas que visitan París. Esta línea iría desde la Catedral de Notre-Dame hasta el Arco de la Défense pasando por la pirámide del Louvre, los Campos Elíseos, el Arco de Triunfo, etc. El Jardín de las Tullerías estaría situado entre el Arco del Triunfo del Carrousel y la Plaza de la Concordia.
Este jardín es el más antiguo de toda la ciudad y tiene una historia bastante dilatada de la que yo simplemente daré algún dato ya que no me gusta mucho extenderme en este sentido.
En 1564 Catalina de Médicis manda construir en esta zona un palacio al cual llama Palacio de Tuileries por las fábricas de tuiles (un tipo de teja) que hay en la zona. Junto al palacio, como no puede ser de otra forma, ordena la construcción de un jardín en el que poder celebrar fiestas, y en el que poder pasear sin que nadie la moleste entre naturaleza y fuentes.
En posteriores remodelaciones es cuando se van incluyendo árboles de varias especies y esculturas por todos los lados pareciéndose más a lo que hoy nos encontramos. Las praderas de cesped también son posteriores.
A finales del siglo XIX el palacio sufrió un incendio y fue demolido quedándose los jardines para uso público.
Como conclusión del uso que se le han ido dando a estos jardines, decir que, en un principio los jardines fueron privados, después pasaron a poder ser disfrutados por la alta sociedad parisina y hoy en día, por todo el mundo que quiera recorrerlos.
Algo que a mi parecer no pegaba mucho en los jardines pero que si lo miras desde el punto de vista económico es una gran idea, es la colocación de una noria en la Plaza de la Concordia, justo detras de una fuente bastante grande y con forma octogonal. La noria debido a la proximidad a los jardines, fastidia muchas fotos con los Campos Elíseos de fondo, pero también ofrece a todo el que se quiera subir a ella una panorámica inigualable de la totalidad del Jardín de las Tullerías con el Museo de Louvre al fondo por un lado, y de los Campos Elíseos con el Arco del Triunfo al otro. Yo no me subí a la noria por lo que no tengo ni idea de cuanto costará el acceso.
Para los niños hay muchas atracciones, pero claro, estas ya no son gratis. La más conocida es el alquiler de unos veleros de madera a los que poder ayudar a navegar en uno de los estanques del jardín mediante la ayuda de un pértiga. Pero para los que todavía no pueden ni sujetar la pértiga, también hay un tiovivo de madera que si podrán disfrutar.
Este parque tiene un horario que varía dependiendo de la época del año a la que se vaya ya que las horas de luz no son las mismas en verano que en invierno. Es conveniente que os informeis en la entrada.
Para llegar al parque lo mejor es coger la línea 1 de metro y bajarte en la parada llamada Tuileries. Pero otra opción es la parada llamada Concorde en la que puedes ir con las líneas 1, 8 y 12 de metro.
martes, 6 de julio de 2010
La Torre Eiffel
La Torre Eiffel es el símbolo por excelencia de París desde que en 1889 fuese inahugurada como el atractivo y reclamo principal de la Exposición Universal celebrada en esta ciudad. Además es el icono de una ciudad más reconocido mundialmente. Fue diseñada por el ingeniero francés Gustave Eiffel y consiste en una estructura de hierro de 324 m de altura (conseguidos gracias a unas antenas de radio instaladas posteriormente). Está construida sobre los Champ de Mars cerca del río Sena, en el 7º distrito de París.
La instalación de esta torre creó mucha controversia en el pueblo parisino al que el diseño de la misma no llegaba a convencer porque no pegaba nada con el estilo de la ciudad. Se fijó una fecha para su demolición (después de la Exposición Universal), pero la armada consiguió que el pueblo la aceptara o más bien que no la repudiase dándole un uso, el de punto de difusión radiofónica gracias a que la diferencia de altura respecto a los edificios de París es abismal.
La instalación de esta torre creó mucha controversia en el pueblo parisino al que el diseño de la misma no llegaba a convencer porque no pegaba nada con el estilo de la ciudad. Se fijó una fecha para su demolición (después de la Exposición Universal), pero la armada consiguió que el pueblo la aceptara o más bien que no la repudiase dándole un uso, el de punto de difusión radiofónica gracias a que la diferencia de altura respecto a los edificios de París es abismal.
Cuando yo estuve era un fin de semana de Noviembre y no había tanta gente como imagino que se juntará en épocas más cálidas. En la base, esperando para comprar las entradas en las taquillas, hacía un poco de frío, pero con la emoción de poder subir a un monumento que llevas oyendo hablar de él toda tu vida, se soporta bastante bien. Al principio yo era un poco reacia a subir porque lo veía como un super negocio por parte de los parisinos y no quería entrar en el juego, pero bueno, en un viaje con más gente no siempre se hace lo que uno quiere, asique, tocó subir y no me arrepiento para nada.
Os voy a dejar unas tablas que corresponden a los horarios y las tarifas establecidas para el año 2010.
Después de estar en la fila entre media hora y una hora, conseguimos comprar las entradas hasta la tercera planta, porque ya que nos poníamos, queríamos subir hasta lo más alto. El ascensor que cogimos nos subió directamente a la segunda planta. De esta forma nos evitamos el tener que esperar después para subir de la primera a la segunda. Una vez fuera del ascensor, que por cierto es una pasada porque vas viendo como la ciudad se va quedando enana (en altura claro) a la vez que subes, empiezas a admirar la ciudad desde los 115 m de la segunda planta. Ya a esta altura es un vista increible de París pero a nosotros lo que nos apetecía era llegar hasta arriba antes de que nos anocheciese asique nos dimos una vuelta rápida por esta planta y nos colocamos en la fila de los ascensores que te llevaban hasta arriba. Aqui nos tiramos muchísimo tiempo, encima hacía un frio del carajo y más que parecía al estar parado esperando. Las manos se nos quedaban heladas, e intentábamos taparnos bien el cuello para no coger una buena gripe.
Al final llegó nuestro turno y conseguimos subir hasta la última planta, situada a 276 m. Este espacio está dividido en dos alturas, una cerrada con cristaleras, para la gente a la que le diese un poco de miedo las alturas pero que no se quieren perder por este motivo las vistas de París, y otra, por encima de esta, que está al aire libre.
El primer espacio, el cerrado, tiene calefacción la cual nos vino de lujo para poder quitarnos un poco el frío que teníamos metido en los huesos. Aqui también hay como un par de salas cerradas en las que se puede ver unas figuras que representan a su creador Gustave Eiffel trabajando en el proyecto junto con otros personajes. La segunda parte de esta planta, la abierta, es la que más nos impresionó. A esta altura no hay ningún riesgo de caida porque se han puesto unas rejas para que no llegue cualquiera y le dé por tirarse o que alguna persona por el viento o cualquier otro motivo pueda precipitarse al vacio.
Pero cuando quisimos llegar aquí ya era de noche. Es bonito ver París iluminado pero todos queríamos haber llegado un poco antes para poder ver la extensión de toda la ciudad ante nosotros.
Una vez abajo estuvimos tirados en el suelo viendo la iluminación que, por motivo de la presidencia francesa de la Unión Europea, era azul. Habían colocado también unas estrellas en círculo que representaban la bandera y la imagen resultante era bastante chula. Cuando ya nos íbamos a levantar para irnos a comer algo (un día muy duro en el que no habíamos parado ni a comer) empezaron a apagarse y encenderse muchas lucecitas blancas por toda la torre. Fue un buen final de visita a este monumento tan emblemático de la ciudad de París después de habernos tirado en total entre unas cosas y otras unas 3 horas y media.
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jueves, 1 de julio de 2010
Autobús al Aeropuerto de París Beauvais
Nuestra idea era pasar un fin de semana en París sin tener que coger días de vacaciones y a ser posible que nos saliese barato, para ello, vimos que Ryanair operaba en un aeropuerto que se encontraba a las afueras de París, para ser más exactos en Beauvais. Este es un pueblecito situado al norte de París a una distancia de unos 80 km, y como el vuelo salía muy barato pues nos decidimos a volar hasta aquí aunque después tuviésemos que pagar el autobús que nos llevase al centro de París.
La verdad es que la organización en este aeropuerto es bastante buena porque al tener un número muy bajo de vuelos es fácil mover a los pasajeros que van llegando o se van llendo sin que haya retrasos y cosas por el estilo.
Cuando llegas a la terminal, tienes unos 20 minutos hasta que sale el autobús hacia Boulevard Pershing, frente a Place de la Porte Maillot y al Palacio de Congresos, donde ya vas a poder coger el metro hasta el lugar donde te alojes. Este viajecito dura aproximadamente 1 hora y 15 minutos pero claro, siempre puede haber complicaciones a la entrada de París y se puede hacer un poco más largo el trayecto. El precio por persona es de 15 € la ida y aqui es dónde ya tienes que empezar a echar cuentas a ver si te compensa el volar a este aeropuerto de París o a uno de los principales (Orly o Charles de Gaulle). El billete se compra directamente en el aeropuerto, en unas taquillas que puedes encontrar a la salida.
El regreso al aeropuerto también está muy bien organizado, el autobús se coge en el mismo aparcamiento donde te deja el de ida y allí tienes unas hojas de horarios donde puedes ver la hora de salida del autobús que corresponde a tu vuelo. Por lo general el autobús sale unas 3 horas y 15 minutos antes de la hora de salida del vuelo y el billete se compra en unas taquillas que hay en el aparcamiento. El precio de dicho billete es de 15 € de nuevo. Este precio puede variar cuando vosotros vayais porque en dos años y pico que hace que fui yo ya ha subido algún euro.
Como curiosidad de este aeropuerto es que es muy pequeño y está todo como un poco destartalado pero en él vas a poder encontrar alguna tienda, un bar, un restaurante y hasta un local de cambio de divisas. Otra cosa importante que teneis que saber a la hora de planear vuestro viaje es que este aeropuerto cierra durante la noche, asique, si teneis pensado pasar la última noche en él porque vuestro vuelo sale muy pronto y no os sale rentable el pagar una noche más de alojamiento, no os vais a poder quedar a dormir dentro y os encontraríais tirados en la calle.
Como conclusión en esta entrada es que mireis mucho el precio de los vuelos con otras compañías que no sean de bajo coste porque, lo mismo, entre el tiempo que tardas en los traslados y el dinero que te gastas en el autobús, os sale más rentable el pagar un poco más por el billete de avión y volar a cualquiera de los otros aeropuertos.
La verdad es que la organización en este aeropuerto es bastante buena porque al tener un número muy bajo de vuelos es fácil mover a los pasajeros que van llegando o se van llendo sin que haya retrasos y cosas por el estilo.
Cuando llegas a la terminal, tienes unos 20 minutos hasta que sale el autobús hacia Boulevard Pershing, frente a Place de la Porte Maillot y al Palacio de Congresos, donde ya vas a poder coger el metro hasta el lugar donde te alojes. Este viajecito dura aproximadamente 1 hora y 15 minutos pero claro, siempre puede haber complicaciones a la entrada de París y se puede hacer un poco más largo el trayecto. El precio por persona es de 15 € la ida y aqui es dónde ya tienes que empezar a echar cuentas a ver si te compensa el volar a este aeropuerto de París o a uno de los principales (Orly o Charles de Gaulle). El billete se compra directamente en el aeropuerto, en unas taquillas que puedes encontrar a la salida.
El regreso al aeropuerto también está muy bien organizado, el autobús se coge en el mismo aparcamiento donde te deja el de ida y allí tienes unas hojas de horarios donde puedes ver la hora de salida del autobús que corresponde a tu vuelo. Por lo general el autobús sale unas 3 horas y 15 minutos antes de la hora de salida del vuelo y el billete se compra en unas taquillas que hay en el aparcamiento. El precio de dicho billete es de 15 € de nuevo. Este precio puede variar cuando vosotros vayais porque en dos años y pico que hace que fui yo ya ha subido algún euro.
Como curiosidad de este aeropuerto es que es muy pequeño y está todo como un poco destartalado pero en él vas a poder encontrar alguna tienda, un bar, un restaurante y hasta un local de cambio de divisas. Otra cosa importante que teneis que saber a la hora de planear vuestro viaje es que este aeropuerto cierra durante la noche, asique, si teneis pensado pasar la última noche en él porque vuestro vuelo sale muy pronto y no os sale rentable el pagar una noche más de alojamiento, no os vais a poder quedar a dormir dentro y os encontraríais tirados en la calle.
Como conclusión en esta entrada es que mireis mucho el precio de los vuelos con otras compañías que no sean de bajo coste porque, lo mismo, entre el tiempo que tardas en los traslados y el dinero que te gastas en el autobús, os sale más rentable el pagar un poco más por el billete de avión y volar a cualquiera de los otros aeropuertos.
lunes, 10 de mayo de 2010
Bahía de Arcachón
La bahía de Arcachón es una zona en Francia situada en la región de Aquitania en el departamento de Gironda. Si la idea del viaje es hacerlo en coche, diré que está a unas 2 horas y media desde Irún, (ultimo pueblo español antes de cruzar la frontera franco-española) subiendo en paralelo con la costa.
Es un paraiso en la costa francesa debido a sus condiciones climáticas ya que los inviernos son suaves y los veranos son calurosos, condición por la cual es una zona super turística y conviene viajar a ella en temporada baja para no sufrir los altos precios del alojamiento y demás atracciones turísticas.
La bahía se encuentra parcialmente aislada del océano Atlántico por el cabo Ferret, la Duna de Pilat y el banco de Arguin haciendo que en su interior se lleve a cabo una de las actividades por las que es mundialemte conicida esta zona, el cultivo de la ostra.
En mi viaje no conocí toda la bahía, sino que sólo nos movimos por la parte del sur en la que se encuentran los pueblos de Arcachón, Gujan-Mestras y La Teste de Buch y la famosa Duna de Pilat.
Arcachón es el pueblo más importante de la bahía y por ello, ésta lleva su nombre. Está completamente orientado al turismo, por sus calles podrás ver muchas tiendas con artículos para la playa, suvenirs, etc. Las heladerías, restaurantes, cafés, etc están por todos lados y el alojamiento no será ningún problema porque también hay muchos hoteles, aunque yo recomiendo ir a algún camping de la zona que saldrá más barato. Esta zona es también destino turístico entre los franceses y en este pueblo podrás ver muchos apartamentos cerrados (yo no fui en temporada alta) y hay una zona con casas increibles que deben de ser casas de verano de gente con mucha pasta. Hay un mirador que es como una torre de metal al que se puede acceder pero que no recuerdo exactamente dónde estaba. Desde él se tenían unas vistas muy buenas del pueblo con la bahía al fondo.
Ahora toca dedicarle un poco de atención a una de las actividades por excelencia de la zona y es el cultivo de ostras. Nosotros para conocer un poco más sobre este tema nos desplazamos hasta Gujan-Mestras, pueblo situado también en el sur de la bahía, al este de Arcachón y principal productor de ostras de la zona.
Este pueblo tiene varios puertos, pero nosotros estuvimos en un puerto bastante curioso llamado de Larros el cual está compuesto por casitas de madera donde guardan todos los aparatos necesarios para llevar a cabo esta actividad. La visión de estas casitas es una imagen bastante peculiar que no os podeis perder como turistas. Aparte de las casitas, podemos encontrar un museo llamado "La Casa de la Ostra", en este museo al parecer te muestran mediante explicaciones y videos la vida de este molusco y rinden también homenaje al trabajo de los ostricultores de la zona. Cuando nosotros fuimos estaba cerrado y no pudimos acceder, espero que si vais tengais más suerte.
Para terminar la entrada queda hablar de la Duna de Pilat. Está considerada la duna más grande y alta de todo el continente europeo y está protegida por el gobierno francés. Tienen unas dimensiones aproximadas de 105 m de altura, una longitud de 2,7 km a lo largo del litoral y una anchura de 500 m comiéndose cada año entre 3 y 4 m más de bosque del Parque Natural de las Landas de Gascuña.
Esta masa de arena es visitada cada año por más de un millón de turistas, haciendo que sea lo más visitado de la zona. A ella se puede acceder de forma gratuita pudiendo subir hasta su cresta. Hay un parking en el que poder dejar el coche y después puedes encontrar bares y tiendas, todo muy pensado para que el turista no se sienta incómodo y encima deje un dinerillo en la zona.
Nosotros cuando fuimos estaba llenito de turistas y le quitan un poco de gracia al asunto ya que cuando vas a ver algo que se ha creado a sí mismo no esperas que esté tan lleno. La duna impresiona un montón y más cuando ves que por donde vas a tener que ascender está un pelín inclinado. Para subir, si no quieres que se te llene el calzado de arena super fina, es acosnejable que te descalces, pero dependiendo la época en la que vayas, los pies se te quedarán o helados o achicharrados. Una vez que estás arriba la impresión del viento golpeandote el cuerpo con los granos de arena no es del todo agradable, pero las vistas que se pueden apreciar desde arriba son bestiales, con el mar por un lado y el gran bosque de pinos al otro.
Es un paraiso en la costa francesa debido a sus condiciones climáticas ya que los inviernos son suaves y los veranos son calurosos, condición por la cual es una zona super turística y conviene viajar a ella en temporada baja para no sufrir los altos precios del alojamiento y demás atracciones turísticas.
La bahía se encuentra parcialmente aislada del océano Atlántico por el cabo Ferret, la Duna de Pilat y el banco de Arguin haciendo que en su interior se lleve a cabo una de las actividades por las que es mundialemte conicida esta zona, el cultivo de la ostra.
En mi viaje no conocí toda la bahía, sino que sólo nos movimos por la parte del sur en la que se encuentran los pueblos de Arcachón, Gujan-Mestras y La Teste de Buch y la famosa Duna de Pilat.
Mapa de la Bahía de Arcachón
Arcachón es el pueblo más importante de la bahía y por ello, ésta lleva su nombre. Está completamente orientado al turismo, por sus calles podrás ver muchas tiendas con artículos para la playa, suvenirs, etc. Las heladerías, restaurantes, cafés, etc están por todos lados y el alojamiento no será ningún problema porque también hay muchos hoteles, aunque yo recomiendo ir a algún camping de la zona que saldrá más barato. Esta zona es también destino turístico entre los franceses y en este pueblo podrás ver muchos apartamentos cerrados (yo no fui en temporada alta) y hay una zona con casas increibles que deben de ser casas de verano de gente con mucha pasta. Hay un mirador que es como una torre de metal al que se puede acceder pero que no recuerdo exactamente dónde estaba. Desde él se tenían unas vistas muy buenas del pueblo con la bahía al fondo.
Vista aérea de la playa de Arcachón
Ahora toca dedicarle un poco de atención a una de las actividades por excelencia de la zona y es el cultivo de ostras. Nosotros para conocer un poco más sobre este tema nos desplazamos hasta Gujan-Mestras, pueblo situado también en el sur de la bahía, al este de Arcachón y principal productor de ostras de la zona.
Este pueblo tiene varios puertos, pero nosotros estuvimos en un puerto bastante curioso llamado de Larros el cual está compuesto por casitas de madera donde guardan todos los aparatos necesarios para llevar a cabo esta actividad. La visión de estas casitas es una imagen bastante peculiar que no os podeis perder como turistas. Aparte de las casitas, podemos encontrar un museo llamado "La Casa de la Ostra", en este museo al parecer te muestran mediante explicaciones y videos la vida de este molusco y rinden también homenaje al trabajo de los ostricultores de la zona. Cuando nosotros fuimos estaba cerrado y no pudimos acceder, espero que si vais tengais más suerte.
Puerto de Larros
Para terminar la entrada queda hablar de la Duna de Pilat. Está considerada la duna más grande y alta de todo el continente europeo y está protegida por el gobierno francés. Tienen unas dimensiones aproximadas de 105 m de altura, una longitud de 2,7 km a lo largo del litoral y una anchura de 500 m comiéndose cada año entre 3 y 4 m más de bosque del Parque Natural de las Landas de Gascuña.
Esta masa de arena es visitada cada año por más de un millón de turistas, haciendo que sea lo más visitado de la zona. A ella se puede acceder de forma gratuita pudiendo subir hasta su cresta. Hay un parking en el que poder dejar el coche y después puedes encontrar bares y tiendas, todo muy pensado para que el turista no se sienta incómodo y encima deje un dinerillo en la zona.
Nosotros cuando fuimos estaba llenito de turistas y le quitan un poco de gracia al asunto ya que cuando vas a ver algo que se ha creado a sí mismo no esperas que esté tan lleno. La duna impresiona un montón y más cuando ves que por donde vas a tener que ascender está un pelín inclinado. Para subir, si no quieres que se te llene el calzado de arena super fina, es acosnejable que te descalces, pero dependiendo la época en la que vayas, los pies se te quedarán o helados o achicharrados. Una vez que estás arriba la impresión del viento golpeandote el cuerpo con los granos de arena no es del todo agradable, pero las vistas que se pueden apreciar desde arriba son bestiales, con el mar por un lado y el gran bosque de pinos al otro.
Vista aérea de la Duna de Pilat
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